Con un desembolso comprometido de USD 251 millones, la compañía busca dar un salto de escala en su operación «Fénix», ubicada en Catamarca, con el objetivo de elevar su producción de carbonato de litio de las actuales 28.500 toneladas a 38.000 toneladas anuales.
La iniciativa, denominada «Expansión Fase 1B», contempla una ambiciosa hoja de ruta técnica que incluye la construcción de nuevas plantas de Adsorción Selectiva y de Carbonato, además de la perforación de pozos adicionales. Un dato estratégico para nuestra audiencia es la construcción de una planta compresora de gas en Olacapato (Salta), que reforzará la capacidad de los gasoductos «La Puna» y «Fénix», garantizando el suministro energético vital para la producción.
Impacto local y velocidad de ejecución
Minera del Altiplano ha decidido pisar el acelerador: la empresa invertirá USD 92,6 millones durante el primer año, superando ampliamente el mínimo requerido por la normativa. Además, el acuerdo blinda la participación regional, estableciendo que el 60% de la inversión en proveedores y obras debe ser destinado a actores locales, un punto clave para el desarrollo de la cadena de valor en Catamarca y Salta.
El club de los «Grandes Proyectos» bajo el RIGI
Con esta aprobación, el mapa de inversiones mineras y energéticas en Argentina se consolida con cifras impactantes. Junto a Fénix, otros proyectos de litio en el mismo salar, como el de Rio Tinto (USD 530 millones para su ampliación y USD 2.724 millones para Rincón) y Galán Lithium (USD 217 millones), posicionan a la Puna como un imán de divisas.
En San Juan, el pulso sigue firme con el gigante de cobre Los Azules (USD 2.672 millones) y las extensiones de vida útil de Gualcamayo (USD 665 millones) y Veladero (USD 380 millones), demostrando que el RIGI está cumpliendo su promesa de ofrecer estabilidad por 30 años a diversos sectores.
El secretario coordinador de Energía y Minería, Daniel González, ya anticipó que para julio de 2027 podrían sumarse hasta 20 iniciativas adicionales. Para el sector, el mensaje es unívoco: la estabilidad fiscal y regulatoria ha dejado de ser una demanda para convertirse en una realidad que ya está transformando el subsuelo argentino.





















